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Pasen y lean: la musiquita de los móviles

Valladolid, 5 de enero de 2009. Autobús medio vacío, cosa rara en estas fechas.

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Como usuaria asidua del transporte público, me sorprende que en el autobús vayamos pocas personas. Sólamente hay un grupo de adolescentes (entre 15 y 18 años), una señora de unos 70 años, una chica joven y yo.

Lo que no me sorprende tanto es que el grupo de adolescentes lleve la música en el móvil a todo volumen, por lo visto es la última moda por todas partes. Sinceramente, ya me cansa tener que escuchar la música de los demás en versión “lata”, porque encima se deben de comprar los móviles más cutrosillos y los que más distorsionan, aparte de utilizar la música con peor calidad del mundo (y con eso no me refiero a que sólo escuchen reggaeton, que tampoco me gusta, pero respeto que haya gente a la que sí).

No sé el por qué de esta moda, antaño, cuando te comprabas el móvil y te venía pelado, sin cascos, sin cable para el ordenador, sin nada, que casi ni te venía el cargador, era entendible que la gente llevara así la música (que no lo hacíamos, por cierto), pues los cascos te costaban casi más que el móvil. Pero ahora, que te los “regalan” cuando lo compras (te vienen en la caja, vamos), no entiendo por qué no los usan. Seguro que por temor a perder audición no lo hacen, de eso estoy segura, pues se acercan el móvil a todo volumen lata al oído.

Entre la música que llevan los autobuses, mala a rabiar, y el sonidito del móvil, había un rebujito musical que ríete tú de la música de Leonardo Dantés, así que decidí sacar mis cascos, que me venían con el móvil, y ponerme mi propia música.

Antes de haberlos enchufado, la otra chica joven que iba en el autobús, harta de escuchar la música de los adolescentes, sacó su móvil, lo puso a todo volumen y lo acercó al grupito. Estos, flipadísimos, apagaron su música. La chica sentenció su acción con un: “¿A que jode? pues a ver si aprendemos que a nadie nos gusta tener que escuchar vuestra musiquita, y poneos unos cascos, que seguro que están criando polvo en un cajón de vuestro cuarto”. Los adolescentes no dijeron nada, y estuvieron callados hasta llegar a su parada.

Moraleja: ole los huevos de la chica (que no llegaría a los 25 años, no creáis que era mucho más mayor que el grupito), se merece una ovación por decir lo que todos normalmente callamos. Se ha convertido en mi ídolo. ¡Un 10 para ella! Ah, y a todos los que vayáis con la música a todo volumen, ¡poneos unos cascos, coño!

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