El libro de la selva (2016)

En los vagos recuerdos de mi infancia tengo en un lugar de mi corazón la película El libro de la selva de Disney (la versión animada, como es lógico) que fue el primer film que me llevaron a ver a una sala de cine, en un reestreno allá por principios de los 80 (la siguiente fue el ET de Spielberg) Dicen que la nostalgia puede engañar: hace mucho tiempo que la ví por última vez y puede que ahora mi valoración no sea ya la misma, pero aún así me decanté por esta nueva versión con reservas, ya que en el fondo tan solo se trata de una jugada comercial de Disney para ganar dinero, ahora que la versión a imagen real de sus clásicos animados han visto que les resulta monetariamente provechosa.

Aunque nadie niega que la jugada final será lo rentable que resulte en taquilla, es justo admitir que estamos ante una nueva adaptación de un clásico que sorprende por ofrecer al espectador un mundo artificial tan detallado y fascinante como el de Avatar, siendo muestra de ello unos animales que (si no fuera porque hablan) sería complicado poder distinguir si son o no son reales (mientras la estaba viendo me recordé de los efectos visuales de Babe el cerdito valiente, premiados con un Oscar en 1995. Pues bien, los del presente film, similares en origen ya se situan en un nivel TREMENDAMENTE SUPERIOR)

La historia es la ya conocida por todos, la supervivencia en la selva del pequeño chiquillo humano Mowgli, que ha sido criado por una manada de lobos, y que tiene su origen en el clásico literario del mismo título obra de Rudyard Kipling. Como es lógico, esta nueva adaptación toma como referencia la versión animada de Disney pero reduce el tono de comedia para ofrecer más aventura (aunque en su banda sonora recupera dos de los temas más famosos y pegadizos del film de 1967: los de Baloo y el Rey Louie) Cabe indicar que el segundo de los citados ya no es el orangutan de la versión animada, sino un inmenso Gigantopithecus, un simio de proporciones colosales que ya está extinguido, pero que se supone que vivió en el sudeste asiático (donde estaría situado este relato) hasta hace un millón de años, llegando a convivir con el Homo Erectus.

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