Angry Birds, la película

No soy jugador, lo admito. Igual es por mi caracter pero no suelo tener paciencia para ponerme delante de una pantalla a machacar un joystick (o el teclado del ordenador) porque al final me enerva bastante. Es que además, es una cosa que nunca me ha llamado la atención, aunque no por ello negaré que conozco los más mediáticos y alguna que otra vez he probado algunos tipo Tetris (si acaso el que manejo mejor) o alguna de las múltiples versiones de Super Mario. Pero vamos, que yo nunca he sido de esos que estan horas y horas “dale que te pego” al jueguecito de marras (y con los que hay ahora en tres dimensiones ya es que hasta me mareo, reconozco que si me quedé anclado en algo serian los juegos de plataformas clásicos)

Con este preámbulo lo único que quiero dejar claro es que he ido a ver este film sin ninguna referencia previa más allá de la fama que logró el juego en su momento (de hecho resulta extraño que esta película haya tardado tanto ya que lo lógico hubiera sido aprovechar el boom que tuvo en su momento) Lo que me he encontrado ha sido un título muy simple en su historia aunque toda una explosión de color para la vista, que en algunos momentos me ha recordado a los clásicos dibujos de los Looney Tunes por sus gags y su ritmo frenético (el cual se desborda durante su media hora final), si bien sin el carisma de los mismos ya que se realiza un uso excesivo del slapstick que puede ser un poco agobiante de cara al espectador adulto.

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La venganza de Jane

El western es uno de los géneros cinematográficos que se ha usado en más ocasiones (no es el único, lo mismo podría decirse de otros como el thriller de mafiosos) por lo que resulta complicado a estas alturas que algo englobado en esa categoria consiga destacar por encima de la media (de ahi también que sea un género con mala suerte en taquilla, porque desde principios de los años 90 con Bailando con lobos y Sin perdón, solo ha vuelto a despuntar -ligeramente- con películas como Django desencadenado y Los odiosos ocho, las dos aportaciones al género que nos ha ofrecido Quentin Tarantino)

Claro que diciendo esto podriais pensar que no me ha gustado el título que nos ocupa, pero he de matizar que aunque en si no invente nada nuevo, como mínimo se trata sin duda de un correcto western, donde sin duda destaca su protagonista, una espléndida Natalie Portman que consigue sostener sobre sus hombros una historia que tampoco es que de para mucho más, pero que al menos no se dilata innecesariamente (su duración son unos ajustados 98 minutos).

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El niño y la bestia

No soy consumidor habitual de anime (lo reconozco) porque por estos lares digamos que se estrena poco y mal. De todas maneras es verdad que si uno habla de ese género lo primero que se le viene a la mente es el nombre de Hayao Miyazaki (al que en mi caso descubrí cuando era pequeño con aquella serie de televisión de Sherlock Holmes con perros) pero con este título se puede descubrir a otro creador con talento como Mamoru Hosoda, al que tan solo le quedaría lograr la fama y la difusión internacional conseguidos por el Studio Ghibli de Miyazaki.

El presente título compitió en la pasada 63 edición del Festival de Cine de San Sebastián, logrando ser el primer film de animación en optar a la prestigiosa Concha de Oro. Con anterioridad su director ha sido el responsable de films como Los niños lobo (2012), Summer wars (2009) y La chica que saltaba a través del tiempo (2006), ganando todos ellos el premio del Festival de Sitges a la mejor película de animación. Este film (El niño y la bestia) también pasó por Sitges, así como el Festival de Gijón, siendo uno de los éxitos del año en su estreno japonés de la mano de Toho con más de 4 millones de espectadores (consiguiendo ser la película más taquillera de su director)

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El libro de la selva (2016)

En los vagos recuerdos de mi infancia tengo en un lugar de mi corazón la película El libro de la selva de Disney (la versión animada, como es lógico) que fue el primer film que me llevaron a ver a una sala de cine, en un reestreno allá por principios de los 80 (la siguiente fue el ET de Spielberg) Dicen que la nostalgia puede engañar: hace mucho tiempo que la ví por última vez y puede que ahora mi valoración no sea ya la misma, pero aún así me decanté por esta nueva versión con reservas, ya que en el fondo tan solo se trata de una jugada comercial de Disney para ganar dinero, ahora que la versión a imagen real de sus clásicos animados han visto que les resulta monetariamente provechosa.

Aunque nadie niega que la jugada final será lo rentable que resulte en taquilla, es justo admitir que estamos ante una nueva adaptación de un clásico que sorprende por ofrecer al espectador un mundo artificial tan detallado y fascinante como el de Avatar, siendo muestra de ello unos animales que (si no fuera porque hablan) sería complicado poder distinguir si son o no son reales (mientras la estaba viendo me recordé de los efectos visuales de Babe el cerdito valiente, premiados con un Oscar en 1995. Pues bien, los del presente film, similares en origen ya se situan en un nivel TREMENDAMENTE SUPERIOR)

La historia es la ya conocida por todos, la supervivencia en la selva del pequeño chiquillo humano Mowgli, que ha sido criado por una manada de lobos, y que tiene su origen en el clásico literario del mismo título obra de Rudyard Kipling. Como es lógico, esta nueva adaptación toma como referencia la versión animada de Disney pero reduce el tono de comedia para ofrecer más aventura (aunque en su banda sonora recupera dos de los temas más famosos y pegadizos del film de 1967: los de Baloo y el Rey Louie) Cabe indicar que el segundo de los citados ya no es el orangutan de la versión animada, sino un inmenso Gigantopithecus, un simio de proporciones colosales que ya está extinguido, pero que se supone que vivió en el sudeste asiático (donde estaría situado este relato) hasta hace un millón de años, llegando a convivir con el Homo Erectus.

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