Bumblebee

La saga Transformers se ha caracterizado por ir poco a poco a peor, sobretodo por ser paulatinamente más apabullante (en el peor de los sentidos), provocando que cuanto mayor era el exceso, menor era el interés de la audiencia. A ese progresivo declive supongo que habrá influido el haber dejado las cinco películas (hasta la fecha) en manos de Michael Bay, un director no precisamente muy sutil y amigo de los excesos visuales (algo evidente en esta saga), lo que finalmente se ha vuelto en su contra, con unos resultados cada vez inferiores en cuanto a la taquilla. A unas películas que siendo muy magnánimos uno podría tildar tan solo de «toscos» entretenimientos, Bay las dilataba más allá de las dos horas de duración, lo que para el espectador equivalía más a una prueba de aguante que a un verdadero disfrute.

Pero como los números siguen cuadrando (en el sentido de que siguen lo suficientemente rentables) ahora se ha decidido hacer un spin-off de uno de los robots más populares del grupo (ese Bumblebee que da título a esta película) cambiando también en la silla del director al ya muy cansino Bay por Travis Knight. El resultado se nota sin ninguna duda bastante mejor, siempre asumiendo el tipo de film que es, pero lejos de los excesos del resto de entregas y teniendo como primordial objetivo el entretener al espectador sin agobiarlo ni marearlo (pese a que la mano de Bay como productor se hace evidente, parece que ha prevalecido la del también productor Spielberg, con el claro objetivo de realizar una película más familiar)

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Jurassic World: El reino caido

El tiempo no para: ya han pasado 25 años desde que se estrenó Parque Jurásico, el film de Steven Spielberg que adaptaba la obra homónima de Michael Crichton y que fue un impresionante éxito que propició un renovado interés por los dinosaurios. Contradictorio como en ocasiones soy, tengo que admitir que dicha película me gustó pero sin entusiasmo, debido a que como tenía reciente la lectura de la novela, su adaptación se me hizo demasiado simplificada. Al menos la primera secuela fue más consecuente, y precavido que iba me ofreció lo que yo esperaba, pero la tercera entrega bajó tanto el listón que dejó la franquicia parada hasta que en 2015 Jurassic World se convirtió en otro inesperado éxito, que es el que nos lleva hasta el presente film, una secuela con signo español al estar dirigida por Juan Antonio Bayona.

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Ready Player One

Previsor que soy, hace ya unos meses que me leí la novela homónima de Ernest Cline en la que está basada esta película de Steven Spielberg, la cual ya me era previsible que estaría bien plagada de referencias a la cultura popular de los años ochenta y noventa, de las cuales también se pueden encontrar en la obra literaria, con especial notoriedad hacia las de los videojuegos de aquellos años. Con semejantes características y siendo el director de la película alguien de la talla de Steven Spielberg (sinónimo del más puro cine de entretenimiento de aquellos años), las expectativas eran considerables sobretodo tras el resbalón que tuvo con Mi amigo el gigante, su apuesta previa hacia el cine más comercial, la cual se resolvió por debajo de lo esperado tanto a nivel de crítica como de público.

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Mi amigo el gigante

Cuando me leí hace unos meses la historia en la que está basada esta película ya comenté mi relativo temor a que el gigante protagonista se convirtiera en el nuevo Jar Jar Binks, y aunque al final no resulta tan cansino como el odiado personaje digital de La amenaza fantasma, tampoco acaba siendo tan entrañable como se supone que nos tiene que parecer a los espectadores. Con este título Spielberg demuestra seguir siendo un buen narrador clásico (se nota -y bastante- su mano) pero esta variante de su emblemático E.T. (con la que coincide en su guionista, la fallecida Melissa Mathison) dudo que cale en el público como lo hizo el famoso alienígena y su amigo Elliot a principios de los ochenta.

Ojo porque ello no es obstáculo para que en su apartado visual el film no sea realmente asombroso, sobretodo cuando la acción nos descubre el mundo de los gigantes (aparte del carisma de Mark Rylance, nuevo actor fetiche de Spielberg, que consigue que su gigantesco alter-ego digital no resulte tan irritable como pensaba por su enrevesada forma de expresarse) Digamos que con el presente título Spielberg vuelve al pantanoso terreno de otras películas suyas, como por ejemplo Hook, donde un conjunto de elementos a priori más o menos seguros no dan como resultado el producto que nos quieren vender.

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